Mostrando entradas con la etiqueta Betaespera. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Betaespera. Mostrar todas las entradas

lunes, 4 de enero de 2016

Fragilidad


Porque costó mucho. Porque se me llevó todas mis lágrimas. Mis risas. Mis fuerzas.
Porque la infertilidad me venció.

(Acá es donde todas las que aún no lo consiguieron van a pensar que no me venció, que yo le gané. Van a sentir que soy una desagradecida. Y las entiendo, juro que las entiendo. Yo hubiera pensado lo mismo.)

Me ganó, porque no puedo ser feliz.
Porque la mochila no te la quitás nunca.
Como haber llegado a la cima ya sin provisiones y con una pierna herida. Estás ahí arriba. Por fin podés ver el paisaje sólo visto por los elegidos (y los fértiles). Pero no te queda ni resto ni fuerzas para bajar. Sabés que el agua no va a alcanzarte más que para un par de días. Y en el camino de regreso hasta tu hogar, te esperan muchas más rocas, y puentes colgantes, y manchados marrones, y manchados rojos.

Y te sentís la personita más frágil del mundo.

Por fin te estás haciendo el control de heparinemia. Tu primer control. El que tanto soñaste. Y te rodean radiantes embarazadas. Como vos. Por eso tenés prioridad en los números. Y, no sé cómo lo supieron, pero te dan el asiento.  Pero tus manos tiemblan. Mientras vas a baño cada cinco minutos. Y te sentís sólo "un poco embarazada". No del todo. Porque sos infértil. Y te costó mucho. Y, a veces, como para que no pase más de dos días sin que lo olvides, manchás un poquito. Alguna gota que te recuerde que no tenés que ser feliz. Y volvés a sentirte embarazada a medias.
Porque sabés que a tu bebé lo sostiene la heparina, la aspirina, las vacunas de los glóbulos blancos de tu marido, el estradiol, la progesterona, la metformina. Todo lo que necesitás para que tu cuerpo funcione.
Y tan sólo llegaste hasta acá. Tuviste una beta que dio positivo. Le enseñaron a tu cuerpo a trabajar para eso. Y lo que sigue? Mi cuerpo sabe hacerlo?

Tu embrión es fuerte, te dicen. Claro. Confío en él. Él es fuerte.
La que es frágil, aunque mi coraza de infértil me haga tragarme las lágrimas y seguir peleándola con toda la garra y el optimismo…
La que es frágil es mamá. 

PD: Mañana repito la beta. Una semana de tortura después. Y tengo miedo. 

lunes, 28 de diciembre de 2015

Si no te vas...


No demos todo por perdido, aún no llegó la sangre al río.
Imaginé un final distinto a los demás. 

Seremos lo que siempre fuimos, 
honestos en nuestro delirio de querer alcanzar estrellas en el aire. 

Dí si aún nos queda una razón. Si como a mi, aún te queda ese dolor.


Si no te vas te hago un sitio en este corazón hambriento.
Tengo una vida para amar.
Si no te vas tengo tardes de domingo y mil inviernos eternos.
Si quieres, pasa dentro.

No demos todo por perdido, mientras quede vida en un latido y un beso que nos salve.

Y como antes. 
Dí si aún nos queda una razón.
Si como a mi, aún te queda ese dolor.

Si no te vas te hago sitio en este corazón hambriento.
Tengo una vida para amar.
Si no te vas tengo tardes de domingo y mil inviernos eternos.

Paro el mundo si no te vas, para verte despertar y mirarnos a la cara. 
Tú y yo, quemaremos la soledad con la llama de este incendio.  

Si no te vas...
si no te vas... 



Pd: esta canción, "Corazón Hambriento", me acompañó cada día del tratamiento y de la betaespera. De alguna manera, quería que mis peques la escucharan todos los días para saber lo bello que les esperaba en la vida. 
Ojalá mañana también pueda darle play.

sábado, 26 de diciembre de 2015

Navidad, Navidad, ROJA Navidad!


Ya lo había contado en la entrada anterior, el 23 de diciembre tuve algunas manchitas marrones, como hilitos.
Y me puso contenta, debo de confesar. Es mi cuarta betaespera y la primera en donde "pasa algo". Teniendo en cuenta que faltaban todavía 6 días para la beta, que la transferencia había sido hacía 8 días, y que mis pequeñitos estarían en el día 11, todo sonaba "maravillosamente distinto". No había manchado el día anterior a la beta!
Además, indicio de regla sería difícil. Estoy medicada con estradiol y progesterona, lo que hace prácticamente imposible que todo se destartale, y en tan poco tiempo.
Y, por si esto fuera poco, mis menstruaciones después de los negativos casi no existen (apenas una tarde de regla) porque mis celulitas se comen mi endometrio. Por eso estuve todo el año haciendo tratamiento inmunológico. Para enseñarles a no comerse el revestimiento de mi útero (y sobre todo lo que debería de anidar en él). 

Pero el 24 al mediodía, cuando mi marido fue a despedir dos pisos más abajo a mis suegros, y yo fui al baño inocentemente, ahí estaba. Una mancha roja como la Navidad, en mi protector. Tomé un poco de papel y me limpié. Rojo. (en realidad, debo de decir que era rosado, pero caía como líquido, lo que lo hacía verse más dramático). Otro papel, otra vez todo manchado. Y grité. No sé qué bien, pero retumbó a puteada en mi cabeza.
La distancia que separa el toilette del sillón es de 3 pasos, los 3 pasos más largos de mi vida. De pronto todo se me dio vuelta y me sentí desvanecer. Me acosté en el sillón y me abracé a la panza. Y mi marido no subía. Habrán sido unos minutos eternos.

Por fin apareció y le sentencié desde la puerta "me indispuse". Pobre mi ángel, esa cara de mirarme con locura no la voy a olvidar nunca.
Llamó a nuestro doctor (porque claramente a mi se me daba vuelta el mundo y no me sentía capaz de coordinar una respuesta). Y lo mandó a comprar ronfase (valerato de estradiol pero sin el recubrimiento gastrointestinal de la progynova que es lo que estoy tomando) para que me coloque esas mini pastillitas pero vía vaginal, dos veces por día. Le preguntamos si suspendía la heparina, o por lo menos la aspirina y nos dijo que NO. Que cualquier cosa lo llamáramos de nuevo y que, de ser posible (considerando cómo soy yo y en qué día estábamos) hiciera la mayor vida tranquila que pudiera.

En cuanto mi marido se fue a intentar encontrar el remedio a alguna farmacia de turno, y caminando, me quedé acostada intentando respirar profundo, y poner en práctica todo un año de yoga y meditación que, debo de decir, jamás pensé que me funcionaría. Y funcionó. Me dejó con una toallita para cambiarme, quería colocarme una nueva y poder controlar lo que caía sin que se mezcle con lo viejo. Pero esperé. Hice algunos ejercicios de respiración para relajarme, y que el mundo dejara de girar. Para poder centrarme y pensar. Para darme cuenta, por primera vez en mi vida, que ponerme nerviosa no iba a resolver nada. No podía correr a una guardia (ya nuestro médico nos lo había "prohibido"). No podía hacerme un test (era muy pronto). No podía hacer nada más que serenarme y respirar. Y pensar.

Miré la hora. Habían pasado tres horas desde la inyección de heparina. Todavía me quedaba una hora más de manchar rojo, porque ya sé que el pico máximo lo hace entre las 3 y las 4 horas de inyectada. Habría sido la heparina? Qué diluyó la sangre? Que convirtió una gota en semejante mancha? Igual que me pasó cuando tuve que inyectarme, mi período ya se había ido, y me pasé 4 días más manchando rojo acuoso? Es cierto que la heparina no convierte la nada en sangre. Pero sí, licúa cualquier tipo de flujo, y lo enrojece porque lo hace salir más directo y más rápido.

Habría sido implantación? Estaría teniendo algún problema? Un hematoma de los clásicos que tiene las personas con trombofilia como yo, de las que se pueden embarazar, digo…

Qué estaba pasando ahora? Mínimamente, decir que, por lo menos, nada se estaba comiendo nada. Eso seguro. Y eso ya era un paso enorme! Por qué? Porque aunque no pueda saber si estoy embarazada, puedo sentir que esta vez, de pronto y después de tanta lucha, me convertí en una persona "embarazable". Sí, es cierto, con qué poco nos conformamos las infértiles! Pero para mí era un paso enorme. La sangre roja (o rosa) podía ser una noticia terrible, pero para una acumuladora de negativos, era un paso gigante. Algo había pasado en mi útero. Algo "no había pasado de largo".

Me quemaba la cabeza que me aumentara el estradiol y no la progesterona. Si Doctor Google te muestra clarito que cuando manchas en betaespera te aumentan la progesterona!!! Y también me quemaba la cabeza que no me haya suspendido, por lo menos, la bayaspirina. Soy una bomba anticoagulada, estoy manchando, y me deja anticoagulada?
Pero lo que más nos quemaba la cabeza, era la conversación que tuvo mi marido con él por teléfono cuando lo llamó para avisarle nuestro último negativo. Lo único que nuestro doctor le preguntó, así como extrañado y preocupado fue "y no manchó nada!?!?!?". Nunca entendimos la pregunta. Qué? Lo lógico era que manchara? O estaba intentando averiguar si había tenido falla de implantación o un microaborto?

A la hora exacta, ya con la pastillita vía vaginal (o eso creo, porque es tan pequeñita que, en cuanto la comencé a empujar, la perdí!) dejé de manchar.
Estuve todo el día con el sillón cama del medio del living armado, tirada tranquila, mirando la tele, pensando que todo lo que había que preparar para Nochebuena lo hicieran los demás (por primera vez en la historia familiar). Limpiándome, cada tanto, otra vez algunos hilitos marrones.

Llegamos a la casa de mi mami bien tarde. Le dije que había tenido unas manchas, que no se asuste porque podía ser bueno o malo, así que sólo esperar y estar tranquila. Y, por primera vez en mi vida, me senté. Me mimaron. Me cuidaron. Y viví, por una noche, la magia de "estar embarazada"! Ok, de una embarazada con embarazo de riesgo, amenaza de aborto, pérdidas, a punto de tener malas noticias, pero embarazada al fin.
Nosotros somos cuatro hermanos y, entre los otros tres, tengo 9 sobrinos (desde los 22 años a los 10 meses). Pero yo siempre fui la que, junto con mi marido, ayudábamos a mi mamá a preparar y servir todo. Este 24 tenía un  montón de personas que, algunas sabiendo y otras no, me cuidaban, me servían cerveza sin alcohol, sidra sin alcohol y turrones a disposición.

Las manchas fueron cesando. Y ya para el brindis ni rastros había. Pero en mí algo había cambiado. Aprendí a respirar. A tomarme las cosas distinto. A no darme por vencida. A apoyarme en los demás y dejar de ser la única capaz de hacerlo todo.

Fue una Navidad distinta. Además del miedo que tuvimos. No di la vuelta manzana con los sobrinos esperando la llegada de Papá Noel. No busqué los regalos escondidos en el jardín. Sólo me senté en un silloncito a ver de afuera como todos los demás compartían esa noche entre risas. De la mano de mi amorcito. Brillándonos los ojos. Esperando que el único regalo que pedimos este año, esté creciendo dentro mío. Creyendo en los milagros.


miércoles, 23 de diciembre de 2015

Confusión


Este tratamiento fue el de los cambios. Todo salió distinto, dado vuelta, rebuscado, hasta podría decir que mal.
(No lo digo, porque tuve tres tratamientos donde todo salió BIEN y acá me ven, así que el bien y el mal son demasiado relativos para mi gusto).
Cada betaespera fue una tortura de emociones. Sólo eso. Porque no sentí nada más. 
 
Hoy manché. Hoy. Día 8 de betaespera. Día 11 de mis pequeños. Apenas hace una semana de la transferencia, y todavía me falta una semana más para la beta (una semana, una nochebuena, una Navidad, y como veinte explotes cerebrales!).
Recuerdo mis negativos y mi médico preguntando "y no manchaste?". No, qué voy a manchar si ni siquiera luego menstruaba! Si mis celulitas se comían, literal, mi endometrio.
Y ahora? Ya aprendieron las muy guachas? O sólo me están torturando, pero con anticipación.

Es que sí, esta betaespera estaba siendo de lujo. Tiempo de calidad con mi marido, y conmigo. Hago yoga, medito, tejo, leo el libro interminable que nunca tengo tiempo de continuar, cocino rico y nuevo, me pongo al día con los capítulos de las series que nos gustan. Y, sobre todo, pienso en positivo.
Por qué el puto destino viene a cagarme tanta buena actitud?!?!?!

Ni busco el significado. Demasiado pronto para ser menstruación y demasiado bueno para ser implantación.
Sólo pienso que es una buena manera de joderme la paz, las fiestas, el finde, la cena deliciosa que iba a preparar hoy.

Pero no, acá estoy, sentada en la computadora. Que cocine otro. Mientras intento ni respirar para que nada de esto que pasa se altere, ni que sea bueno, ni que sea malo. Sólo que se quede así.
Muerta de miedo, y de emoción.
Repitiéndome que no puede todo ser más jodido.
Que, en algún momento, yo tengo que ser la del otro lado. La ya no llora más. La que tiene motivos para festejar. 
La de la beta positiva.