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lunes, 4 de enero de 2016

Fragilidad


Porque costó mucho. Porque se me llevó todas mis lágrimas. Mis risas. Mis fuerzas.
Porque la infertilidad me venció.

(Acá es donde todas las que aún no lo consiguieron van a pensar que no me venció, que yo le gané. Van a sentir que soy una desagradecida. Y las entiendo, juro que las entiendo. Yo hubiera pensado lo mismo.)

Me ganó, porque no puedo ser feliz.
Porque la mochila no te la quitás nunca.
Como haber llegado a la cima ya sin provisiones y con una pierna herida. Estás ahí arriba. Por fin podés ver el paisaje sólo visto por los elegidos (y los fértiles). Pero no te queda ni resto ni fuerzas para bajar. Sabés que el agua no va a alcanzarte más que para un par de días. Y en el camino de regreso hasta tu hogar, te esperan muchas más rocas, y puentes colgantes, y manchados marrones, y manchados rojos.

Y te sentís la personita más frágil del mundo.

Por fin te estás haciendo el control de heparinemia. Tu primer control. El que tanto soñaste. Y te rodean radiantes embarazadas. Como vos. Por eso tenés prioridad en los números. Y, no sé cómo lo supieron, pero te dan el asiento.  Pero tus manos tiemblan. Mientras vas a baño cada cinco minutos. Y te sentís sólo "un poco embarazada". No del todo. Porque sos infértil. Y te costó mucho. Y, a veces, como para que no pase más de dos días sin que lo olvides, manchás un poquito. Alguna gota que te recuerde que no tenés que ser feliz. Y volvés a sentirte embarazada a medias.
Porque sabés que a tu bebé lo sostiene la heparina, la aspirina, las vacunas de los glóbulos blancos de tu marido, el estradiol, la progesterona, la metformina. Todo lo que necesitás para que tu cuerpo funcione.
Y tan sólo llegaste hasta acá. Tuviste una beta que dio positivo. Le enseñaron a tu cuerpo a trabajar para eso. Y lo que sigue? Mi cuerpo sabe hacerlo?

Tu embrión es fuerte, te dicen. Claro. Confío en él. Él es fuerte.
La que es frágil, aunque mi coraza de infértil me haga tragarme las lágrimas y seguir peleándola con toda la garra y el optimismo…
La que es frágil es mamá. 

PD: Mañana repito la beta. Una semana de tortura después. Y tengo miedo. 

jueves, 31 de diciembre de 2015

2015


Comencé el 2015 muy triste. Venía de nuestro segundo negativo y me habían dado positivos los estudios de trombofilia. Lo comencé a punto de tener el turno con la hematóloga que tanto había esperado. Sabiendo que todo iba a ser más complicado. Que si algún día lograba embarazarme, no se iba a parecer en nada a ese embarazo con el que tanto soñé. Que tenía riesgos, angustias, estudios, inyecciones…
Agradeciendo no haber tenido antes un positivo porque, sin dudas, lo hubiera perdido después de tanto esfuerzo. Brindando esa noche, hace un año exacto, por los tres embrioncitos que nos esperaban congelados. Pasando más tarde, casi a las 4 de la mañana cuando volvíamos de la cena familiar, por la puerta de la clínica donde estaban. Para hacerles sonar cascabeles en el auto, dos pisos más abajo. Para desearles un feliz año.

Después vino todo un mes preparando mi cuerpo con hormonas para que me arranquen un pedazo de útero y analizar si algo andaba mal en él, y si la fecha coincidía. Y al mismo tiempo me enteré del tercer embarazo de mi cuñada. Y a la semana, uno de mis hermanos me regaló mi sobrino número 12.

Después tuve dos pequeños embrioncitos de la mejor calidad dentro. Y volví a ser feliz. Y volví a encontrarme con otra beta imperceptible

Y no quedaban muchas alternativas. Cambiar los gametos. Dijimos que no. Yo no estaba preparada para ver más de 20 folículos en ecografía y tener que ignorar que en uno de ellos podía tener una chance. Y no quería que mi marido, después de 33 años de saber que no podría ser padre biológico, renunciara a otra oportunidad de demostrar que podíamos cambiar ese destino. Me costaba asumir cambiar algún gameto "sólo por probar". Necesitaba razones.
Nos hicimos los cariotipos y estaban ok. Debo de confesar que una parte mía quiso que hubiera un problema. Me dolía no encontrar motivo para renunciar a nuestra genética y sentía que, si eso iba a ocurrir en un futuro, mejor que fuera por un mal cariotipo.

Sólo quedaba una chance. Una pequeña oportunidad de tener, además de todos los problemas, la más rara de las infertilidades. Alloinmune. Siempre me causó gracia el término ESCA, esterilidad sin causa aparente, porque yo sentía que tenía ETCA esterilidad con todas las causas aparentes. Podía ser cierto además tener un problema Alloinmune? Un tratamiento experimental. Las más dolorosas vacunas. Seis, una cada 21 días. Y tachar los días en el calendario. Mientras buscaba en internet algún caso donde hubiera resultado. Y sólo leía que en muchos países estaban prohibidas. Una loca oportunidad.

Muchos estudios más.
Y preparar mi cuerpo. Leer. Informarme. Descubrir detalles que me hacían mal. Empezar a conocerme, entenderme y atar cabos.  "Aquietarme".
Pelearle a la prepaga y al estado una ley que poco se cumple.
Mi madre en terapia peleándole a la vida por un asalto y privación de la libertad.
Seguir adelante.

Comenzar una estimulación con dosis mínimas. Exponer mi cuerpo otra vez. Anticoagularme desde el inicio para no correr riesgos. Hiperestimular. Punzar. Y seguir anticoagulandome.
14 embriones formados. Y nada andaba bien. Todo parecía haberse perdido. Todo un año de prepararme, de pelarla médica, física, psicológica y burocráticamente.
Cinco embriones congelados.

Y a arrancarme dos pedazos del útero otra vez. Mi útero tan perfecto e inmaculado que no sirve para nada.
Otra vez hormonas, y anticoagularme. Quince medicamentos por día (para regular: mi tiroide, mi glucosa, mi vitamina b, mi homocisteína, mi coagulación, mi hipofibronilosis, mis ovarios, mi endometrio).
Sólo tres embrioncitos. Que se vinieron conmigo. Dos bellos y uno "de apoyo". Y el pánico de mi cuerpo haciendo tonterías. Destruyendo lo que más amo en el mundo.

Y Nochebuena, todas las ilusiones, el arbolito y el pesebre. Y un regalo "para ellos". Y mancho, marrón. Y mancho más. Rojo. Justo esa noche. Y apreté los dientes fuerte. Me tragué el dolor. Y brindé bien alto. Les di una chance a mis peques. Pero sobre todo a mi cuerpo.
Mi marido y yo venimos peleándola desde hace mucho. 13 años de amor sabiendo que no íbamos a poder ser padres. Tres icsis. Cuatro transferencias. Dos gametos que no valen mucho y que, por si fuera poco, cuando están juntos se autodestruyen. Fallo de implantación. Trombofilia hereditaria y adquirida. Y todos los problemas inmunológicos juntos.

Esto fue todo y lo único a lo que dedicamos este año.
El 2015 fue, sin duda, el peor año de nuestra vida.
Sabiendo que el 2016 ya no nos traería otra oportunidad porque se nos iba la tercera y última…

Cuando por fin el 2015 terminaba, justo tres días antes de darlo por muerto y enterrarlo para siempre.
Mi cuerpo me demostró que podía. Y alguno de nuestros peques pudo agarrarse.
Aunque me sea totalmente imposible asimilarlo todavía.
Tengo vida dentro mío.
Y hoy escribo lo que jamás creía.
Estoy embarazada. 

 Mi marido, nuestro/s peque/s y yo, sólo tenemos un deseo para este 2016, y es para ustedes!!!

lunes, 28 de diciembre de 2015

Si no te vas...


No demos todo por perdido, aún no llegó la sangre al río.
Imaginé un final distinto a los demás. 

Seremos lo que siempre fuimos, 
honestos en nuestro delirio de querer alcanzar estrellas en el aire. 

Dí si aún nos queda una razón. Si como a mi, aún te queda ese dolor.


Si no te vas te hago un sitio en este corazón hambriento.
Tengo una vida para amar.
Si no te vas tengo tardes de domingo y mil inviernos eternos.
Si quieres, pasa dentro.

No demos todo por perdido, mientras quede vida en un latido y un beso que nos salve.

Y como antes. 
Dí si aún nos queda una razón.
Si como a mi, aún te queda ese dolor.

Si no te vas te hago sitio en este corazón hambriento.
Tengo una vida para amar.
Si no te vas tengo tardes de domingo y mil inviernos eternos.

Paro el mundo si no te vas, para verte despertar y mirarnos a la cara. 
Tú y yo, quemaremos la soledad con la llama de este incendio.  

Si no te vas...
si no te vas... 



Pd: esta canción, "Corazón Hambriento", me acompañó cada día del tratamiento y de la betaespera. De alguna manera, quería que mis peques la escucharan todos los días para saber lo bello que les esperaba en la vida. 
Ojalá mañana también pueda darle play.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Confusión


Este tratamiento fue el de los cambios. Todo salió distinto, dado vuelta, rebuscado, hasta podría decir que mal.
(No lo digo, porque tuve tres tratamientos donde todo salió BIEN y acá me ven, así que el bien y el mal son demasiado relativos para mi gusto).
Cada betaespera fue una tortura de emociones. Sólo eso. Porque no sentí nada más. 
 
Hoy manché. Hoy. Día 8 de betaespera. Día 11 de mis pequeños. Apenas hace una semana de la transferencia, y todavía me falta una semana más para la beta (una semana, una nochebuena, una Navidad, y como veinte explotes cerebrales!).
Recuerdo mis negativos y mi médico preguntando "y no manchaste?". No, qué voy a manchar si ni siquiera luego menstruaba! Si mis celulitas se comían, literal, mi endometrio.
Y ahora? Ya aprendieron las muy guachas? O sólo me están torturando, pero con anticipación.

Es que sí, esta betaespera estaba siendo de lujo. Tiempo de calidad con mi marido, y conmigo. Hago yoga, medito, tejo, leo el libro interminable que nunca tengo tiempo de continuar, cocino rico y nuevo, me pongo al día con los capítulos de las series que nos gustan. Y, sobre todo, pienso en positivo.
Por qué el puto destino viene a cagarme tanta buena actitud?!?!?!

Ni busco el significado. Demasiado pronto para ser menstruación y demasiado bueno para ser implantación.
Sólo pienso que es una buena manera de joderme la paz, las fiestas, el finde, la cena deliciosa que iba a preparar hoy.

Pero no, acá estoy, sentada en la computadora. Que cocine otro. Mientras intento ni respirar para que nada de esto que pasa se altere, ni que sea bueno, ni que sea malo. Sólo que se quede así.
Muerta de miedo, y de emoción.
Repitiéndome que no puede todo ser más jodido.
Que, en algún momento, yo tengo que ser la del otro lado. La ya no llora más. La que tiene motivos para festejar. 
La de la beta positiva. 


martes, 15 de diciembre de 2015

Números


7 meses desde nuestro último negativo. Más de 4 meses de terapia inmunológica.
3 icsis: 42 embriones formados.
2 meses desde que comencé la estimulación. 21 inyecciones de hormonas. 14 embriones esta vez.
5 embriones congelados. Más de un mes esperando en el freezer este día.
Cuarta transferencia: 31 inyecciones de heparina, 57 pastillitas de estradiol.
13 medicamentos diarios.
Y un número incontable de ilusiones puestas en este día. Todo para que este día exista. Y que no lo olvidemos nunca.
Para ver en la pantalla, por primera vez, al amor de nuestra vida.
Para que se quede para siempre.
Para verlo crecer.
3 oportunidades.
Para hacerlo real.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Descongelando


Chiquitos, nuestros bonitos pequeñitos (bonitos porque son nuestros, no importa lo que el biólogo diga!). Los cinco guerreros que le pelearon a nuestra maltrecha genética y salieron delante de entre tantos. Que se murieron de fresco 37 exactos días. Esperando este día. Que hoy salieron del freezer.
Sigan dividiéndose. Crezcan lindo. No tengan miedo. Que sólo les queda una noche más por pasar solitos. Mañana mamá y papá los vamos a buscar. Y nos los traemos a casita. Todo ya está preparado.
Hoy velamos por ustedes. La primera de infinitas noches por venir.

La peleamos mucho para que existan. Ustedes peléenle ahora a la vida. A veces parece una mierda, pero les juro, palabra de mamá, que vale la pena. 

martes, 8 de diciembre de 2015

A quien corresponda:


Querido Papá Noel, niñito Jesús, Buda, muñeco de nieve Olaf o a quien corresponda:

Hace tiempo ya no pido nada, a nadie, por ningún motivo. Sólo hice un rezo este año mientras operaban de la cabeza a mi mamá, para que salga adelante. Y porque le robé un denario de su cartera que llevé conmigo en mi bolsillo todos esos días. Simplemente porque mi mamá cree, y quería hacer lo que a ella le sirviera y en ese momento no podía.

Yo no pido, no me emociono, no me entusiasmo con velitas encendidas o días de tal o cual santo. Y no es que Dios me haya defraudado, en lo más mínimo. Es simplemente que no siento dentro, la comunicación necesaria. Alguna vez, desesperada, le he pedido me de fuerzas para seguir adelante. Jamás que me conceda el milagro.
E intento no emocionarme. No pensar lo que hubiera sido si. No sacar cuentas. No descubrir que esta es otra Navidad más sin el único regalo por el que años escribí cartitas. 

Este año también voy a hacerlo, no puedo fallar a la costumbre. 

Pero esta carta es distinta.
Años de mi vida gasté palabras y deseos en la gente que quería. Que bien merecido se tienen nuestro amor. Y, con algunos vaivenes, sus deseos se han visto, a veces más a veces menos, cumplidos. Y jamás dejé de pedir por ellos. Por aquello que les faltaba y necesitaban (amor, paciencia, trabajo, sonrisas, sueños, salud, o lo que consideraba que necesitaban en ese año por venir). Y encendí el arbolito todas las noches, con mi cartita ahí colgada, para que esos deseos se cumplieran. 

Ahora no. No quiero deseos para nadie. Y no crean que es por ofendida que lo digo. Pero tal vez esos deseos estén reflejados en otras cartas familiares. O tal vez esos deseos puedan esperar un año más. Por suerte nadie que queremos está pasando por una situación realmente importante. El nuestro no. El nuestro es urgente. Me urge el cuerpo y el alma este año. Me colapsa el corazón como jamás me ha pasado. Me digo basta a cada segundo. Y ya no puedo pedir por fuerzas. Porque ya se me agotaron. Cada inyección duele mil veces más que la anterior. Y cada embrión que formamos con tanto esfuerzo y dolor. Cada mini intento de vida nos destroza el alma. 

Esta vez escribo una carta pública. Porque necesito pedirle a quien me lea que pida por mí, así de egoístamente como suena. Que yo prometo poner todas mis súplicas y pedidos en el sueño de ustedes. Pero en el mío ya no puedo. Ya puse el alma, el corazón, el cuerpo frágil; roto y torpe cuerpo.
Necesito esa magia que me falta, que me falló siempre. Esa cuota de suerte, milagro, don, regalo. Esa chispa que no me devuelva la confianza, simplemente que nos cumpla el sueño por el que tanto trabajamos, que tanto deseamos y que, a esta altura considero, tanto merecemos. 

Este año quiero mi regalo de Navidad en vivo y en directo. Para que los embrioncitos que tenga dentro esta Nochebuena, se agarren bien fuerte a mamá. Y que el cuerpo de mamá, esta vez sí, los agarre bien fuerte. 


 

domingo, 29 de noviembre de 2015

No me jodan


No intento ser agresiva en esta entrada, pero después de escribirla no pude más que ponerle ese titulo.
Todas las infértiles tenemos un enorme listado de las frases que LA OTRA GENTE, la fértil, nos dice y nos duele. Y en cada blog venenoso vas a encontrar esa lista en tono burlón, sarcástico o hasta dramático.
Y tienen razón. Todas. Esas frases son detestables.
Pero yo tengo otrooooo listado de frases que las mismas infértiles me dicen y que me duele MUCHISIMO MAS! 

Atenti que pretendo ser graciosa, no ofensiva, y si a alguien ofendo, no tienen más que perdonarme y volver a leer el titulo de esta entrada. Lo siento. Estoy hace tres meses hormonada y todavía me faltan 10 días más para la transferencia. Con un mes de hormonas me enojo contra la gente feliz y fértil que rodea mi vida. Pero ya con más de un mes, me empiezo a enojar con la buena voluntad de chicas que la pelean igual que yo.
Y es que yo entiendo que te quieran levantar el ánimo, y que hay demasiadas frasecitas positivas con fondos preciosos, listas para compartir en cuanta red social exista. Pero…

Basta del SI SE PUEDE. 
Sí se puede qué? Vos pudiste. Vos le sacás una foto hermosa a tu bebé rosadito acostado sobre una canasta de mimbre, con una guirnalda colores arcoiris, y un cartel divino que dice "Sí, se puede". Y pretendés que con esa foto yo crea que YO voy a poder? Qué te hace pensar que, porque vos pudiste, yo sí puedo? Yo no sé si puedo. Nadie sabe si puedo. Ni mi médico que me conoce por fuera y por dentro (bien por dentro) más que nadie en esta vida, sabe si puedo.
Y si alguna vez yo lo consigo, y llegan a ver que de casualidad en este blog se me desliza un SI SE PUEDE, por favor les pido, denúncienme sin piedad.
El SI SE PUEDE, molesta, duele. Es como si te refregaran en la cara que ellas ya lo consiguieron y vos todavía seguís como una pelotuda pinchándote hormonas. Y más cuando a ese comentario le sigue algo del estilo "yo también creía que no lo iba a lograr, igual que te pasa a vos". Si mamita, pero me lo estás diciendo ahora que YA SABES QUE PUDISTE! Con el diario del lunes todo el mundo pronostica un desenlace feliz.


"No bajes los brazos"
Ok, entiendo la buena voluntad del mensaje. Sabés que me estoy cayendo y querés que la siga peleando. Yo también lo dije, lo digo siempre cada vez que siento que alguien lo necesita. Pero nadie es quién para decirle a los demás cuándo bajar los brazos. Más doloroso es todavía, cuando en su firma descubrís que lo consiguió en el primer tratamiento. Qué fácil es decir "no bajes los brazos" si vos no llegaste ni siquiera a levantarlos! Sabés lo que duelen los negativos? Ver que te ponen embriones tras embriones, ver esas lucecitas brillando en un monitor, y tu beta da siempre 0 como si no hubieran existido? Acá se vale bajar los brazos y renunciar al que quiera. Y no es ni menos luchadora ni más cobarde que nadie.


 "Todo pasa por algo"
Sí, por ejemplo, por hijaputez!!!!!!!!!



"Y por fin, después de 6 inseminaciones, y 3 icsis con 5 transferencias, llegó mi milagrito"
No, milagro hubiera sido si te embarazaste naturalmente y tu marido es azoospermico o vos no tenés trompas. Hacer tratamientos de fertilidad, miles de estudios, ecografías de control, inyecciones, entrar a un quirófano, que te pinchen por todos lados, etc, etc, etc. de milagro no tiene nada! Llamemos a las cosas por su nombre. Decirle milagro es sentarte a esperarlo. Vos te rompiste el culo para que eso pase!


"Todo llega cuando tiene que llegar"
 En serio? O sea que no importa cuánto me esfuerce, si no es el momento, no lo será. Eso le voy a decir a mi médico cuando me quiera hacer la biopsia de endometrio (y arrancarme un pedazo de útero sin anestesia). Le voy a contestar que no es necesario porque todo "llega cuando tiene que llegar". Y por qué mejor no me quedo en mi casa esperando que sea el momento y listo, en vez de tantas inyecciones y dolor, no? Qué fácil es decir que no era el momento y listo! Se imaginan si a nuestro doctor se le ocurriera contestarnos eso cuando lo vamos a ver después de un negativo, intentando encontrar la respuesta?!?!

(Espero no herir susceptibilidades religiosas... )
Ya con esta sí, lo siento mucho pero con esta le voy a poner el título a la entrada: Dejame de joder! 
Me estás diciendo entonces que yo pasé por tantos tratamientos, tantos problemas, tantos embriones (pequeños intentos de vida que me costó dos ovarios formar), tantos negativos, porque soy fuerte?!?!?!!? O sea que si yo fuera débil lo hubiera conseguido a la primera? Pero qué genial idea tiene Dios de "premiar" el coraje, la fuerza de voluntad, la paciencia, y los huevos de quien la sigue peleando! O tu Dios es bastante hijo de su madre, o yo soy una idiota por la fuerza que le pongo.

Saben qué, este es mi último intento. Hasta acá llegué! Basta! No puedo cargar más esta cruz!
O es en este o me rindo!

A ver si así resulta…

miércoles, 25 de noviembre de 2015

25 de noviembre


Hoy, miércoles 25 de noviembre, va a ser una fecha que pretendo recordar por siempre.
O, por lo menos, los 9 meses que dure el embarazo. Cada vez que un obstetra, ecografista, hematólogo, endocrinólogo y demás especialistas que necesito para llevar un embarazo adelante, me pregunten cuándo fue la fecha de mi última menstruación. 

25 de noviembre. Hoy. 

Mañana tengo eco de control y arrancamos con el estradiol, si es que no terminé de limpiar cuerpos lúteos (que es lo más seguro, y visto y considerando diciembre, y las vacaciones de verano, prefiero que sea al final con estradiol y no tener que esperar cuatro meses para intentarlo naturalmente). O tener que pincharme heparina por las dudas todos los meses hasta que a mis ovarios se les ocurra volver a trabajar normalmente y dejar de lado tanta hormona. Cosa complicada, molesta y cara.
Mañana los vamos a visitar. Voy a hacer sonar todos los cascabeles, colgantes y medallitas que me cuelgan de la cartera y que fui sumando por cada intento que no pudo ser. 

Hoy va a ser un día especial. (Por suerte el blog no existía antes, la realidad es que esta es la cuarta vez que digo lo mismo mentalmente, pero ustedes no tienen por qué saberlo!).
Esta vez tengo una actitud mental súper positiva. Una artillería de tácticas y medicamentos de lo más sofisticados (y originales!). Y un grupo de gente hermosa que la infertilidad y twitter me regaló. Que me acompañan, me ayudan, me alientan, y no me dejan caer. Gracias #infertilpandy!

Esta vez sí. No puede fallar. 


lunes, 23 de noviembre de 2015

Una promesa


Hace mucho tiempo hice una promesa. 




Cuando descubrí las indirectas de mi médico en los estudios y los tratamientos que me mandaba a realizar. Cuando las sospechas de un problema inmunológico se hicieron verdad. Cuando poco a poco fui asumiendo que, definitiva y claramente, mi cuerpo estaba aniquilando lo que más deseo en el mundo. 
Y en los ficheros mentales de infertilidad en la que nos ponen nuestros médicos, yo estoy colocada desde hace rato y sin notarlo en uno que se debe de titular algo así como "la que aniquila todos los buenos embriones que le transfiero".
Perdón si les suena tan feo leerlo como suena en mi cabeza cada vez que lo pienso. Cuando mi médico lastima mi útero a propósito, dolorosamente, varias veces, para que las células de mi cuerpo se encarguen de reparar el daño en vez de atacar lo que tanto quiero. Cuando pasé los últimos 6 meses inyectándome glóbulos blancos de mi marido (las más dolorosas inyecciones que pueda experimentar!) sin ni siquiera medir las consecuencias a futuro, para que les enseñen a mis estúpidos y asesinos glóbulos blancos cómo se tienen que comportar.
Cuando tengo que inyectarme anticoagulantes todos los días porque eso baja mis defensas. Al igual que la vitamina D, las vitaminas B extra que tomo, la dieta baja en histaminas, los antiinflamatorios, la metformina, el daflón. Todas "medicinas" para bajar mi sistema inmunológico. Y todo lo que implica que tu cuerpo atente contra tu propio cuerpo. 

Prometí que esta vez iba a creer.

Tuve tres betaesperas distintas, alguna más positiva que otra. Pero en todas dudé de la calidad de mis embriones, incluso sabiendo que nuestro médico (ya saben que él no es ni optimista ni exagerado) los calificó de lo mejor. Y pasada la primer semana de tortura, de pronto me sentí vacía. Así de literal. Y me costó mucho seguir manteniendo la buena energía presumiendo (o sabiendo, o intuyendo) que mis chiquitos ya no estaban conmigo.

Prometí que si lo intentábamos una vez más, iba a confiar. 

Que iba a vivir cada uno de los 14 días como el inicio de algo nuevo. Sintiéndome embarazada desde el primer segundo, y en cada momento. Hablándole a mis peques todos los días. Sin sentirme tonta por hablarle a la nada misma.
Y eso prometí porque sentí que sólo así podía sentirme bien conmigo misma. Pase lo que pase.

Pero cuando ya queda tan poco para irlos a buscar. Y pienso en todo lo que mis niños tuvieron que superar para tener una oportunidad. En un adn fragmentado y unos óvulos ya viejitos. En tanto manoseo biológico. En morirse de frío. Y volver a morirse de calor en una incubadora. 

Les hablamos todos los días. Les recordamos lo fuertes que son. Les decimos cuánto falta para conocernos.
Pero tengo miedo. Por ellos. Por tanto que nos costó hacer vida. No porque  no pueda confiar en ellos. Ya no. Ya sé dónde está el problema. Donde estuvo siempre y jamás lo quise ver.
Por mi cuerpo. Porque no quiero que, otra vez, mi cuerpo los destruya. 

Soy muy fuerte. Hasta acá.
A partir de ahora mis convicciones empiezan a flaquear. Y tengo miedo.

Y me cuesta mantener mi promesa. 



jueves, 19 de noviembre de 2015

Enseñanzas


De la infertilidad aprendí:

  • Que todo lo  que parece salir bien, puede salir mal. Y que todo lo que parece salir mal, también puede salir mal. Que no importa cuánto lo estudies, lo medites, ni cómo te den las estadísticas. Va a salir como tenga que salir. 
 
  • Que todo, TODO, es relativo. 
 
  • Que es increíble lo enferma que se puede estar, estando completamente sana. 
 
  • Que jamás volveré a ser la misma. 
 
  • Que mi yo de verdad es el de ahora. Que no soy la clase de persona feliz que siempre se ríe. Que me río de vez en cuando, a pesar del dolor. Y eso vale mucho más. 
 
  • Que, a pesar de todo, me gusta la persona en la que me convertí. 
 
  • Que soy más fuerte de lo que aparento, de lo que los demás creían, de lo que yo misma hubiera imaginado.
 
  • Que para la mayoría de la gente vas a dejar de importar en cuánto dejes de ser la divertida personita que sólo tienen buenas noticias para compartir. Que nadie está preparado para lidiar con los dolores ajenos. Que es más fácil ignorar que empatizar. 
 
  • Y que también hay mucha gente, que no conozco, dispuesta a ayudar. Que el dolor une infinitamente. 
 
  • Que hay  muchas personas en el mundo que todos los días trabajan un poco más para que yo pueda estar más cerca de mi sueño. Que tengo que agradecer todos los días por ello.  
 
  • Que el amor es tantas otras cosas que no imaginaba. Atarme los cordones cuando no podía agacharme. Poner crema en mis hematomas. Sostener mi mano empujando el émbolo para que no me fuera tan difícil. Que, increíblemente, te amo más en el dolor que en la felicidad.
 
  • Que el amor también es un conteo, una inyección, un resultado, un tubo, un número de células, un llamado, un resultado. 
 
  • Que todo aquello que alguna vez pareció importante, significativo, dramático, especial, no lo era. Nada lo es.
 
  • Que no puede existir dolor mayor. 
 
  • Y que no me puedo rendir. 



 
 

jueves, 12 de noviembre de 2015

Creer


Soy artista. No es que me esté adjetivando. Vivo del arte. Creo arte fantástico. Esa es mi profesión.
Y lo peor de todo, es que no puedo ser más racional!!!
Todos los días invento mundos de fantasía.

Pero no dejo de aprender sobre el desarrollo embrionario y sus medios de cultivo, por ejemplo. Leo investigaciones en todos los idiomas. Aprendo. Entiendo. Traduzco (y no tanto por el idioma sino por lo complejo).
Hablo con mi médico casi como si fuera su colega. No porque me sienta  médica, sino porque nuestro lenguaje es puramente científico. Hablamos de calidades, fragmentaciones, pronúcleos y capacidades evolutivas.

No hay caso. No puedo. Esta vez lo necesito. Necesito ser un poco de artista. Creer en esos mundos que invento a diario. Creer que soy uno de esos personajes. Que tengo poderes mágicos. O que nuestros embriones lo tendrán. Capaces de combatir dragones con la mirada. O de superar la desvitrificación sin perder células. Como si fuera casi lo mismo.

Mañana, voluntariamente y casi sin que me quede mucha opción, me vuelven a hacer el scratching (o injury o biopsia con microaspiración) endometrial. Y es la primera vez que vuelvo a ver a mi doctor luego de la punción. 

Y, como siempre, pasé todo el día nerviosa pensando (no en el puto dolor de esta puta prueba que necesito y que juré no volverme a hacer). Nerviosa porque quiero saber. Quiero que me diga con detalles qué pasó. Cuáles son sus calidades. Cuándo se cayeron los demás. Si se bloquearon, fragmentaron, o mostraban signos de multinucleación que supusiera un problema de activación cromosómica propia. Quiero que me confirme que se congelaron a día 2 porque no iban a poder tener observación en día 3 como para confirmar un día 4 sin sobresaltos. Quiero que me asegure que más o menos nos pasó lo mismo que siempre, y  no que esta vez estamos mil veces peor. Que el día 2 no significa nada, que sólo fue una cuestión estratégica de laboratorio por ser simplemente un sábado. Que tenemos muchísimos menos porque eso esta vez es mejor. Que no tendremos dos transferencias como ya tuvimos, porque con una va a ser suficiente. Que él cree en ellos. 

Qué loco. Necesito que mi doctor, un hombre de ciencia, me diga que cree en nuestros embriones. Y yo, su mamá, una artista de lo fantástico, que cree en unicornios y gnomos, no puede creer en lo que más ama en el mundo.
Y me voy a dormir con muchos nervios por mañana. Pero pidiéndole a mis brujitas de la suerte que me ayuden a no preguntar, a confiar, a creer. Más allá de la información científica. Más allá de la ciencia.

Solamente con el amor que siento por mis pequeñitos embriobebés.

Ya no quiero que tanto dolor pasado me quite la fe. 


lunes, 9 de noviembre de 2015

Peleándola


Hoy te quiero escribir solamente a vos. Y lo que escribo no quiere decir que  no crea, con todo mi alma, mi cuerpo todavía adolorido, y mi corazón, que vos estás ahí, en Bulnes, en un segundo piso, peleándole a la vida tu única carta. 
Que no te fue fácil superar una carga genética complicada. Que cada segundo desde que te formaste ese jueves a última hora, ya casi madrugada del viernes, tuviste que hacerle frente a un destino complicado. Porque papá y yo somos complicados. Porque ya de entrada, desde mucho antes de que siquiera existas, venimos un poquito fallados. Y sabemos que esa fallita se la pasamos antes a muchos como vos. Y que vos, igual que ellos, ya desde tan pero tan chiquitito como un solito día de vida, estás intentando no ser lo que tus padres son (como nos pasa a todos los hijos, acostumbrate porque así de jodidos somos todos en este mundo).
Y que lamentamos mucho tengas que hacerte cargo de este problema. Ningún chico tan chiquitito debería. Pero te prometemos hacer todo para compensarlo. Que sepas que si la peleas bien fuerte, como la peleamos papá y yo todos los días, vamos a darte la mejor de las vidas que puedas imaginar. Que eso tan complicado contra lo que luchás, en unos días ya no va a importar más, porque si lográs, como todo hijo debiera, ser vos mismo y dejar de ser lo que nosotros somos, vas a ser el embrioncito más fuerte del mundo. 

Pero hijo, si no estás ahí, en Bulnes, en un segundo piso en este momento, queremos que sepas que no importa. Que no es tu culpa. Ya estuvimos hablando con papá toda la noche sobre cómo ayudarte a llegar a existir. Sobre todo lo que podemos renunciar para darte una chance. Sobre qué fallita tenemos que quitar del medio para que a vos no se te haga tan complicado encontrarnos. 

No te preocupes. Vos esperanos. Que papá y yo desde acá vamos a pelearla, para que vos no tengas que pelearla tanto. 

viernes, 30 de octubre de 2015

Creciendo

El pasado es imborrable. Por más que me digan y me repitan que nada tiene comparación con lo que hoy y ahora estoy viviendo.
Por más que me lo incruste en el cerebro mi profesora de yoga en cada clase durante la relajación, recordándonos que estamos acá y en este momento.

El pasado sigue estando ahí. Y también las hormonas.
No sé si será por una u otra cosa. Pero tengo un pánico terrible de habernos arriesgado demasiado con tan bajas dosis de medicación. La primera ecografía mostró a los miles de folis iguales. Esperaremos hasta mañana con misma dosis para ver si crecieron.

Y entonces comparo. Y me siento culpable por haber tenido tanto pánico de volver a pasar por otra hiperestimulación. Incluso se lo dije al doctor el jueves: si me tengo que sentir mal, me siento mal, pero no quiero perder folis!
Loca! Una loca de mierda parezco!!!

Me dijo que no me tengo que sentir mal, que no me tengo que sentir culpable, y que él confía en que van a crecer. Y a mí no me queda otra que creerle a él.
Nunca me pasó esto. Siempre rogué para que no crezcan tanto y tan rápido. Hice esfuerzos en no hacer esfuerzos, en no moverme, no atarme los cordones, no agacharme, no doblarme, casi ni respirar para que nada me explote dentro.

Esta vez es distinta. Como todo de distinto fue en este tratamiento.
Y eso, para una infertil perdedora como yo, puede sonar una ventaja.
Que sea distinto cuando siempre fue igual, y fue mal, no es una mala opción.



Si son tan enfermas como yo, y quieren seguir día por día mi estimulación, lo pueden hacer en 
3° ICSI (en vivo)





martes, 20 de octubre de 2015

Motivaciones

Hoy es mi último día de primolut nor (pseudo anticonceptiva para preparar el ciclo previo o, mejor dicho, para que mi menstruación le caiga en fecha a mi doc). Por lo que mis ovarios ya duelen, y bastante. Estoy sosteniendo un ciclo, por ahora, de 32 días (cuando soy fija en 28).
Mañana lo dudo, tal vez el jueves o viernes a primera hora haga su aparición la dichosa. El viernes por la tarde tengo turno para eco para ver si podemos arrancar a pincharnos.

Y estamos a puros preparativos.
Entre trabajo, limpieza y demás, preparé unas frases bonitas que encontré por ahí, para que la tablet que está en el soporte en medio del living comedor (el ambiente en donde estamos todo el día, comemos, trabajamos, vemos tele, etc) las vaya haciendo correr y me "sorprendan".
Una manera de mantener las buenas vibras lo que dure el tratamiento.
Les voy, con los días, subiendo algunas por si las quieren usar. De fondo de pantalla, protector, o simplemente para que se carguen de las mejores energías.


domingo, 18 de octubre de 2015

Sin día de la madre


Será que la infertilidad me convirtió en una persona horrible.
Pero me cansé. De leer y leer tanta pelotudez!

Hoy es el día de la madre acá en Argentina. Y aparecieron en cuanto blog, web o fan page sea seguidora sobre infertilidad, una cantidad inmensa de escritos del tipo: ya somos madres.

Y yo los leo, y lloro. Y se los leo a mi marido, que llora también mientras yo vuelvo a llorar. Y suena todo tan bello. Que ya somos madres. Somos madres de la espera, de las ecografías, los folículos, en cada estudio, en cada angustia contenida y bla bla bla.

Perdónenme. Son palabras hermosas y muy emotivas.
Pero son mentira. 

Yo NO SOY MADRE. 
Aunque quiera, más que nadie, serlo. Y me enorgullece mi inmensa lucha y la fortaleza con la que la llevo adelante. Y me siento mucho mejor madre (si es que eso puede calificarse) que las que paren hijos a mansalva porque sí, por un plan, para sostener una pareja, porque están aburridas o porque la sociedad les dice que "completarse" como mujeres, es parir. 

Pero no lo soy. Nadie me dice mamá. Ni se duerme apretando mi dedo. La casa está silenciosa y vacía. Nos sigue sobrando una habitación. Y no habrá bracitos que me envuelvan el cuello mientras me dicen "feliz día".

No importa cuán sentimental me pueda poner este día. Cuánto piense en los 28 embriones que mi marido, un biólogo y yo formamos en año y medio de historia infértil. Y me diga y me repita que eso es hacer vida, y que de madre yo tengo mucho. La única maternidad que me interesa es la real. 
No quiero bellas poesías.
Quiero ser mamá. 



jueves, 15 de octubre de 2015

Victimas o guerreras


Todos tienen derecho a decidir no luchar.

Y quiero aclararlo de entrada para no herir susceptibilidades. Porque sé que en este tema todas somos muy susceptibles (y me incluyo). 


Se puede no luchar más. Se puede elegir otro camino. O se puede elegir no caminarlo más.

Es una decisión. Hasta me atrevería a decir que una decisión que admiro. Tal vez en un tiempo yo me encuentre tomándola. Por el momento no. Y, muchísimas veces, me encontré en momentos horribles en donde desee haber sido la clase de gente que puede dejar de luchar y sentirse bien habiendo tomado esa decisión.


Pero yo no puedo. No ahora. No lo imagino (insisto, quién te dice si el destino no me llevará a ello).

Soy demasiado extremista. Dejar de luchar para mi masoquismo es perder. Aunque entiendo que no es lo correcto. Perder es que en esto se te vaya la vida. Que des más de lo que podés dar. Sé que eso es perder. Pero mi corazón no lo entiende, y no hay manera de que mi cabeza, tan razonable y lógica, se lo pueda hacer entender.



Insisto, todos tienen derecho a decidir no luchar.

Pero no a hacer de constantes intentos de abandono, su motivo de lástima.


Si vas a hacer un tratamiento de fertilidad, hacelo. Hacele frente. Te va a costar, te va a doler, vas a tener miedos, y vas a dudar. Pero te vas a parar adelante del problema y lo vas a tomar por las astas. No vas a quejarte porque te molesta una ecografía, y a preguntarte cómo vas a hacer para tomar un remedio que no te gusta. Y a escribir de ello como si en cada tontería de la infertilidad se te fuera la vida.


Te van a pinchar mil veces. Te va a doler todo el cuerpo. Vas a sufrir. Y, encima de todo, te puede ir mal. Eso tenés que saberlo. De entrada.

Y, si sos de las que tienen mala suerte como yo, te va a ir mal VARIAS VECES!

Y ese sí es el dolor que importa.



Todos vivimos el camino como podemos, o queremos, de eso no tengo dudas.

Y no existe buena manera de llevarlo adelante. Porque definitivamente no nos fabricaron para sufrir tanto.

Pero ser madre es sufrir. Y lo sabés desde que tomaste la decisión. Y más lo aprendiste cuando te mandaron a fertilidad. Cuando te hiciste estudios dolorosos e invasivos. Cuando te inyectaste a vos misma. Cuando el alma se te desgarró al medio porque algo salió mal.



Que este mes no te hayas embarazo naturalmente no es tan doloroso. No es ni cerca de lo que es el dolor. Sólo te está costando un mes más embarazarte. Tal vez te cueste seis meses de sexo con tu pareja (qué problema!). Tal vez tengas que organizar tus ciclos, programar tus relaciones. Pequeños pasos para convertirte en madre, parte de la vida misma. 


Perdónenme si a alguien ofendo, pero no quiero más víctimas.

Quiero guerreras. Personas que luchan. Que les duele y lo dicen. Que se levantan aunque siga doliendo (y dolerá por siempre!).

Mujeres que odian tener que sacarse sangre para un estudio, porque llega un punto (les juro) que hasta las venas de los brazos nos duelen de tantas extracciones. Que lo odien, pero lo hagan, cerrando los ojos, apretando los dientes. Puteando la puta suerte.





Si tenés la mala suerte de tener que transitar este camino, tenés que saber que es difícil, que puede ser largo. 
Que tenés que estar preparada. 
Que la vida te va llevando. 
Que nada es tan dramático como crees. 
Porque ser madre es eso. 
Desgarrarse por tu hijo, incluso si todavía no existe.

Porque parir también duele.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Mi mamá


Hace cinco meses que tachamos los días en la pared, esperando que llegue esta semana. Y todo ese tiempo en el medio no eran más que relleno. El inútil lapso entre la tristeza y una nueva oportunidad. Las vacunas de linfocitos paternos requieren un proceso de armado de paciencia del que ninguna infértil dispone, menos aún la loca histérica que escribe.

Pero quiso el destino que la importancia cambiara. 


Justo cuando hacía planes para los 5 días que separaban el presente de la GRAN cita donde tendríamos el resultado del nuevo crossmatch y nos entregarían las órdenes para presentar un nuevo ICSI pronto a comenzar…

Justo ese día, cuando inventaba tonterías para rellenar el tiempo y que esos 5 días pasen más rápido…

A mi mamá la asaltaron. Entraron por el fondo de su casa cinco malparidos. La golpearon. Durante horas.

Terminó con un hematoma subdural, una cirugía, cuatro días en terapia intensiva, la cara y el cuerpo lleno de moretones y dolor, un "exótico" corte de pelo y una buena costura en su cabeza tapando la moderna placa de titanio que le quedó sobre la oreja. Y un miedo terrible de volver a la casa en la que, junto con mi padre formó una familia, y la casa en la que se despidió de él.  En la que vio crecer a sus cuatro hijos y a sus nueve nietos (y todavía falta el décimo que espero ser yo quien se lo dé).


las manos de mi madre abotonando mi vestido de casamiento,
el que ella misma cosió


Y de pronto, las prioridades fueron distintas. Llegamos a esa famosa cita sin haber dormido en días. Y el listado de cuestiones a resolver con el médico, que vengo armando desde hace meses, ya no tuvo importancia. Y confié. Agradecí estar en las mejores manos (que por algo lo elegí).

Básicamente, dejé de preocuparme. Por lo que pueda pasar, porque de nada sirve. Por lo que no puedo cambiar. Por lo que los doctores digan, estipulen, crean, investiguen o prueben, que por algo son lo que son y el más tonto de ellos sabe mil veces más que todas nosotras juntas. 
Pero también que la garra del paciente puede más que cualquier pronóstico.



Pienso en que unos días atrás, el neurocirujano nos explicaba que la cirugía a mi mamá podía no salir bien, que la presión del hematoma en el cerebro podía ocasionar daño irreversible, que podía perder el lenguaje cognitivo, que iba a estar mucho tiempo en recuperación, que no nos asustáramos si había que tratarla con anticonvulsivos…

Y ese mismo día de la cita, tres días después de la cirugía, mi mamita me estaba mandando un mensajito al celular deseándome suerte, ya salida de terapia intensiva.

Tan sólo darme cuenta que así de loca es la vida. Y lo que tiene que ser, será. A pesar del buen pronóstico. Y también, contra todo mal pronóstico.

Si mi mamá, una jubilada cabezadura (nunca mejor dicho) de 73 años, medicada por hipertensión arterial, resistió seis horas de tortura, un hematoma que le empujaba el cerebro y una cirugía, y salió a sonreírle a los pronósticos como toda una guerrera, me pregunto qué no puedo conseguir yo con la garra que heredé de ella! 

Y de pronto me doy cuenta que la vida, constantemente, nos sigue dando otra oportunidad. 

sábado, 29 de agosto de 2015

Titulos...


Hijo, no importa cuánto tengamos que lucharla. Lo que tengamos que resignar. 
Lo lejos que nos lleve esta lucha. Lo lejos que estés.
Papá y mamá te esperan, te pelean todos los días.
Para que existas.
Para por fin ganarme el titulo que desde hace años merezco. 
Para ser lo que necesitás que sea:

Tu madre.