viernes, 30 de octubre de 2015

Creciendo

El pasado es imborrable. Por más que me digan y me repitan que nada tiene comparación con lo que hoy y ahora estoy viviendo.
Por más que me lo incruste en el cerebro mi profesora de yoga en cada clase durante la relajación, recordándonos que estamos acá y en este momento.

El pasado sigue estando ahí. Y también las hormonas.
No sé si será por una u otra cosa. Pero tengo un pánico terrible de habernos arriesgado demasiado con tan bajas dosis de medicación. La primera ecografía mostró a los miles de folis iguales. Esperaremos hasta mañana con misma dosis para ver si crecieron.

Y entonces comparo. Y me siento culpable por haber tenido tanto pánico de volver a pasar por otra hiperestimulación. Incluso se lo dije al doctor el jueves: si me tengo que sentir mal, me siento mal, pero no quiero perder folis!
Loca! Una loca de mierda parezco!!!

Me dijo que no me tengo que sentir mal, que no me tengo que sentir culpable, y que él confía en que van a crecer. Y a mí no me queda otra que creerle a él.
Nunca me pasó esto. Siempre rogué para que no crezcan tanto y tan rápido. Hice esfuerzos en no hacer esfuerzos, en no moverme, no atarme los cordones, no agacharme, no doblarme, casi ni respirar para que nada me explote dentro.

Esta vez es distinta. Como todo de distinto fue en este tratamiento.
Y eso, para una infertil perdedora como yo, puede sonar una ventaja.
Que sea distinto cuando siempre fue igual, y fue mal, no es una mala opción.



Si son tan enfermas como yo, y quieren seguir día por día mi estimulación, lo pueden hacer en 
3° ICSI (en vivo)





martes, 27 de octubre de 2015

Compras infértiles


(esta entrada la escribí hace unos días, antes de comenzar el tratamiento, pero no tuve tiempo de subirla antes)

Las infértiles somos personas distintas a la gente normal. Sobre todo si ya tenemos un poquito de tiempo en esto.


No hay caso, con cada tratamiento quiero vivirlo lo más naturalmente posible (porque convengamos que a esta altura, estar en tratamiento es más normal en mí que no estarlo). Pero no puedo. Indefectiblemente termino haciendo las "compras pre tratamiento". O, también se podría llamar: el listado de boludeces que sólo las infértiles necesitamos. 


Y así es como me fui haciendo un stock de protectores diarios, aprovechando el 2x1 de una famosa cadena de farmacias. Por eso de la progesterona, vieron? Porque, sinceramente, no encuentro la manera de colocarme todos los días una toallita sin necesidad, si no fuera por la progesterona. Y ojo, que comprar protectores diarios implica no comprar de las otras toallitas ni tampones, no vaya a ser cosa que uno se ponga en negativa.


También muchos discos de algodón y alcohol. Varios. Muchos. Que no falten por las dudas! La mayoría de la medicación ya viene con esas turundas muy mononas preparadas. Pero la heparina no, y sangra muchas veces. Así que hay que estar preparadas. Y si de algo sabemos las infértiles es de prepararse, y prepararse, y prepararse. (léase: 3 paquetes de discos de algodón cuando con medio basta). 


Un lindo esmalte de uñas, si es con brillitos mejor. Si, esto no parece tener nada que ver pero trabajo con las manos y mis dedos y uñas son siempre un desastre. Por eso me gusta "ponerme bonita" para cada ecografía y hacerme dibujitos en las uñas, pegarme cosas, corazoncitos… Sentir que le pongo onda a ese momento me hace creer que las cosas irán mejor. Definitivamente es una cábala que no me ha funcionado nunca, pero la sigo manteniendo porque me hace sentir bien. 


Un stock importante de comida. Sana, natural y casera. Ya congelé en el freezer granos de choclo, espinaca, brócoli. Todo lo que pueda servir para agregarle después a una pechuguita de pollo. Sin tener que trabajar mucho en la cocina después, porque cuando estimulo realmente la paso mal. Y, tengo tantos problemas estomacales que no puedo darme el lujo de pedir comida o comprar en rotisería. También alguna cosa rica de las casas naturistas, suelo preparar las cosas yo, pero en tratamiento se me hace imposible amasarme un pan con semillitas, así que tengo que comprarlo. 


Medias. Sí, varios lindos pares de medias. Con dibujitos divertidos, con brillitos, con lunares. De muchísimos colores! Es lo único que mantengo puesto por decencia cuando me hacen las ecografías de control y descubrí que, además de darme un toque de gracia, los médicos se quedan mirando las ridículas medias que llevo puestas cuando van a colocar el ecógrafo, y no ciertas otras zonas. Así que genero tema de conversación en un momento incómodo, mientras evito que anden chusmeando sectores vergonzosos. 


Y alguna que otra tontería más como cerveza sin alcohol. Realmente no entiendo el motivo por el que alguien tomaría esa porquería si no fuera porque está en tratamiento de fertilidad y quiere sentirse normal. Eso es: si estás embarazada tomás agua sin problemas, si no estás en tratamiento tomás alcohol sin problemas. En otras palabras, un tonto término medio para hacerme creer que mi vida es lo más normal posible. Servirme esa asquerosidad en un lindo chopp que traje del Oktoberfest y brindar con mi marido como si realmente tomara algo que valga la pena. 


Stock ya hecho.

Tenemos todo listo. Sólo resta que llegue el momento. 


Preparados, listos… 


(y a vos, qué cosas no te pueden faltar para comenzar un tratamiento?)

lunes, 26 de octubre de 2015

Comenzando




El 20 de octubre fue mi último día de pastillita. Y, mientras dejaba la casa limpia, la ropa doblada, la comida en el freezer y un poco de trabajo adelantado, me quedé esperando a que la bendita aparezca.
Tenía ecografía programada para el sábado, pero me la adelantaron al viernes. Y arrancábamos.
Y era jueves a la noche y nada. Fui a caminar lejos y sin toallita en la cartera, salté sobre la cama, me puse pantalón blanco y bombachita divina de estreno… nada de las cosas que siempre hicieron que me venga. 

Cartelito que me escribió mi amor y encontré al despertar esa mañana.

El viernes, 7 de la mañana, me levanto horrendamente adolorida. Si, tarde pero seguro, hizo acto de presencia.

A la tarde teníamos el turno para eco. Nuestros médicos se iban a una conferencia en Estados Unidos sobre fertilidad, y nuestro doctor en particular, se iba a tomar unos días de vacaciones después, por lo que nos había ya consultado sobre que su ginecóloga asistente nos atendiera el viernes y nos diera el inicio de pauta de medicación para adelantar. Y que él estuviera la otra semana, en la siguiente ecografía y retomarlo todo. Incluso, para que no haya problemas, ya habíamos pautado la dosis de medicación de inicio para que no quedaran dudas. Ibamos a ir con 150 de gonal, esperando no volver a pasarme de rosca, pero que fuera suficiente para que crezcan todos los pequeñitos. 

Pero ese viernes, esperando la eco, nos avisaron que nuestro doctor, y nuestra doctora, estaban varados en Miami por el huracán Patricia. Que no habían podido volver. Y que la ecografía me la iban a hacer otras médicas.
Me llamaron. Me preguntaron toda la medicación que el médico nos había indicado. Les comenté que era mucha porque íbamos a reclamarla al 100% y nos puso un standard de más para que sobre y se pueda donar. Que sé que siempre me sobra. No me hicieron mucho caso.

Mientras me desvestía, me preguntaron qué tratamiento iba a arrancar. Les dije que un ICSI. Me miraron raro y me preguntaron "con tus óvulos?". Y sí, es un ICSI. No entendí el punto, tan avejentada me veía?!?! Hay ciertas profesiones en donde es imperativo tener un poco de tacto, creo yo. 

Una de ellas lee en voz alta mi ficha y me pregunta "estás anticoagulada por riesgo de trombosis!?!?!". Le digo que no, que eso va a ser en cuanto arranque con las hormonas. Se asustan. Todos se asustan siempre. Y yo como una idiota intentando quitarle importancia para no vivir asustada todo el tiempo.
Me subí a mi amigo el potro, al que ya extrañaba, y en cuanto una de ellas colocó el ecógrafo llamó a la otra "vení, mirá!". Y debo de confesar que me asusté, tengo esos flashes de negativismo en donde, a la más mínima duda de quien me hace la ecografía, empiezo a ver todos los fantasmas juntos. 

Y se quedan las dos mirando el monitor, un largoooo rato, mientras mi maldito amante siento que se me va a salir por la garganta! De pronto una dice "ovario derecho: 17". Y la otra contesta "yo conté 22 pero poné 17".
Pucha, otra vez la sorpresa vuelve a ser la no sorpresa. Otra vez voy a explotar!
Y me pongo feliz, quién no. No quiero que crean que soy una desagradecida a mis pobres ovarios que siempre trabajan a destajo y me dieron más de una satisfacción. Justamente, mi problema no está ahí. Ese es el problema. Un problema que no sé si se puede resolver porque no se sabe bien dónde está o cómo arreglarlo.
Me visto y me voy, con la indicación de llamar mañana sábado, por la mañana, a mi doctora a su celular para que me pase las indicaciones.

El sábado llega con unos nervios terribles. Soy bastante vueltera con las cosas, y estuve, como es lógico, toda la noche del viernes imaginando que no iba a poder comunicarme. Y así fue. Horas marcando teléfonos, encontrándome con contestadores, hablando con secretarias que no entendía nada. 

"Mensaje" que encontré en el bar donde almorzamos. Y mis uñas buscando un arcoiris.


Mientras, teníamos la reserva de un brunch en Nordelta (un lugar precioso) como pre festejo de cumpleaños ya que el domingo era día de elecciones y eso no me permitía festejar demasiado (ni encontrar nada abierto). Y yo iba por panamericana marcando el dichoso numerito. Llegamos, estacionamos. Y ahí mismo, probé una última vez. Me atendió mi doctora. Aleluya!!!!!!!!

Me dijo que era imposible tener señal allá (vaya uno a saber) y que le habían pasado todos los datos de la eco. Y que, por eso mismo, quería que arranque a inyectarme mañana domingo, no hoy. Mañana por favor! Como implorándole a mis ovarios que no se vayan de rosca. Como si un día modificara en algo.
Que arranque con 300 de gonal. Le digo que no, que es mi tercer ICSI y que siempre hiperestimulo, que ya habíamos hablado con el doctor para que la dosis fuera más baja porque en los dos anteriores comencé con 300 y 225 (cronológicamente hablando). Y que eso lo había anotado él en mi historia clínica. Me contestó que la disculpe, que ella no la tenía ahí y le era imposible leer todo. Que en la clínica le habían pasado la cantidad de medicación que me había pedido el doctor e interpretó que iba a ser una estimulación de tipo standard. Que la disculpe nuevamente. Que arranque con 150 entonces. 

Y yo me quedé. Cinco horas. En el almuerzo. En las compras en el super para mi  mini festejo de cumple al día siguiente. Trabajando. Limpiando. Le daba y le daba vueltas. A una sensación horrible de abandono, aunque no fuera culpa de nadie. Aunque mi doctor lo había dejado todo organizado conmigo y yo lo entendía bien. Me pregunté qué hubiera pasado si yo no tuviera tantas luces como creo tener. 

A la tarde, en medio de la confitería comprando unas masas, la doctora me mandó un mensajito con toda la aclaración y el proceso escrito. Y reiterándome las disculpas por no haber podido estar ahí. Y recién ahí me calmé. Me sentí bien. Aunque fuera una tontería. Necesitaba saber que ella entendía lo importante del momento para mí.
No era nada grave, ya lo sé. Pero soy una persona muyyyy organizada y necesito atenerme al plan siempre. Ya el hecho de arrancar al día siguiente me molestaba. No porque no fuera bueno, no soy quien para juzgar cuándo debo o no de empezar. Pero mi cabeza trabaja y planifica tanto que cualquier cambio me desestabiliza.
Eran muchas cosas juntas. Muchas emociones. Mucho en juego.

El domingo, 25 de octubre, cumplí 41 años. 
Y además, mi país votó para presidente y, después de 12 años de lo mismo, la gente eligió un ballotage, el primero de la historia. 
Y, todavía más además, me di mi primera inyección de este tercer ICSI, cuarto intento de ser mamá. 


Con toda la emoción del mundo. Sentadita viendo otra vez el video de cómo dar la inyección (como si no lo supiera de memoria). Con la mano de mi marido sosteniendo la mía mientras me pincho. Con todas las ilusiones puestas. Después de haber soplado una pequeña velita verde (color esperanza) de una pequeña tortita que compartí apenas con mi mamá y mis suegros, porque entre las elecciones y el tratamiento no podíamos ampliar el festejo a más familia. Después de haber pedido el mismo deseo tres veces. 

Y recordando que exactamente hace un año, tres días antes de cumplir mis 40, soportaba mi segundo negativo. Y soplaba las velitas entre llantos.
Hoy las ilusiones otra vez se renuevan. Porque hoy vuelvo a estar otra vez más cerquita. Un paso más. 

No pude tener mejor regalo en este día, que sentir que la vida me vuelve a dar otra oportunidad.

martes, 20 de octubre de 2015

Motivaciones

Hoy es mi último día de primolut nor (pseudo anticonceptiva para preparar el ciclo previo o, mejor dicho, para que mi menstruación le caiga en fecha a mi doc). Por lo que mis ovarios ya duelen, y bastante. Estoy sosteniendo un ciclo, por ahora, de 32 días (cuando soy fija en 28).
Mañana lo dudo, tal vez el jueves o viernes a primera hora haga su aparición la dichosa. El viernes por la tarde tengo turno para eco para ver si podemos arrancar a pincharnos.

Y estamos a puros preparativos.
Entre trabajo, limpieza y demás, preparé unas frases bonitas que encontré por ahí, para que la tablet que está en el soporte en medio del living comedor (el ambiente en donde estamos todo el día, comemos, trabajamos, vemos tele, etc) las vaya haciendo correr y me "sorprendan".
Una manera de mantener las buenas vibras lo que dure el tratamiento.
Les voy, con los días, subiendo algunas por si las quieren usar. De fondo de pantalla, protector, o simplemente para que se carguen de las mejores energías.